Recuerdos de verano & Aromas

Recuerdos de verano & Aromas

Que duda cabe que las experiencias que tenemos de pequeños, son las que nos conforman como personas adultas y nos hace ser de una forma u otra, ¿has pensado alguna vez en cómo tu pasado ha influido en ti?

“El pasado marca mi presente y mi futuro, y si no hago nada por remediarlo los recuerdos serán mi vida”

 

Este verano, ya que me he tomado unos días, semanas e incluso meses para pensar y retomar decisiones, observo a mis hijos, y veo cómo se desenvuelven en lo que serán sus propios recuerdos de la infancia, en momentos de familia tan íntimos que a veces hasta me llego a emocionar.

¿Puedo influir tanto en su futuro, tomando decisiones acertadas ahora en su breve presente?

¿Puedo enseñarles algo que aunque yo ausente (el día de mañana) siga presente?

Si, que duda cabe, que sí.

Los recuerdos aromáticos, son uno de los legados que les podemos inculcar, para que les persigan toda la vida, recuerdos de familia de infancia y en éste post DEL VERANO.

 

{Sentada en una mediocre silla de aluminio de un bar, ensimismada viendo cómo jugaban mis hijos, pero a la vez con la mente relajada y disfrutando del momento, cuando me vino por casualidad un olor tan reconocible, tan familiar, tan de toda la vida que inmediatamente me giré buscando al culpable del despertar olfativo…tenía a mi lado una niña de ocho años a la que su madre le había untado las piernas con crema blanca de Nivea de toda la vida, y en ése momento me vi a mí misma en la playa con mi madre enfrente untándome -“Estate quieta Ester, por favor, sólo la nariz y los hombros, hija, que es lo que se quema”.

Me vi con mis hermanos en la playa, con mis primos, comiendo sandía, saboreando el amargo BitterKas, recordé el olor a Calor insoportable del asfalto, a emoción de ir a la piscina, el sabor del cloro cuando te atragantabas, a las picaduras de avispas y el pegotón de barro húmedo que te plantaban, al olor a sangre de aquel pescado gigante que vimos en un puerto recién capturado, el olor que me encantaba de cuando mi padre repostaba en la gasolinera el Seat 127 rojo, que no iba lleno iba hasta las trancas…. y los bocadillos de Nocilla…

Me contemplé a mí misma de pequeña comiendo paella y ensalada campera, recordé los paseos por la playa con olor a Dama de Noche, el sabor salado de mi piel en la playa, recordé cuando mi prima Elena y yo hacíamos travesuras de niñas y “casi” nos pillaban y los nervios de la noche antes de viajar, cuando el tarro de Nivea ya estaba esperándonos al fondo de la maleta para ser untado por mi hacendosa y entregada madre. Mis despertares de verano cerca del horno de pan, en Lepe el pueblo de mi madre, despertares lentos y sin prisas, sin más preocupaciones que buscar a tu familia y sentir el calor del amor…}

 

Y así me pillé fantaseando conmigo misma, con mi pasado, con mis recuerdos.

Todos mis recuerdos en un momento, todos por culpa de un niña de ocho años, todo por un recuerdo olfativo….es cómo si todos los veranos de mi infancia se hubiesen concentrado en uno sólo y metido en un bote de crema azul, redondo y que se abría fatal para eso, para guardar a buen recaudo mi infancia.

¿Qué recuerdo olfativo te hacer viajar en el tiempo y en el espacio?

¿Cuales son los aromas de tus veranos?

 

 

 

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